Recibir escritura lenta
“Nací para poeta o para muerto”, Gloria Fuertes
Escribir despacio no es escribir poco.
Es escribir con todo el cuerpo.
Vivimos rodeados de palabras rápidas: mensajes, titulares que se consumen al instante, frases que se olvidan en cuanto se pronuncian.
La escritura lenta pertenece a otra especie del tiempo.
No busca impacto. Busca permanecer.
Escribir despacio significa quedarse en una frase hasta que deje de mentir.
Volver a un verso al día siguiente —y al otro— como quien regresa a un lugar que aún no ha terminado de comprender.
Aceptar que una página no siempre quiere ser terminada.
No es la eficiencia lo que guía este gesto, sino la atención.
A veces una sola línea tarda semanas en encontrar su forma.
No porque falten ideas, sino porque sobran.
Porque lo que de verdad quiere decirse necesita espacio, silencio, respiración.
Necesita tiempo para no traicionarse.
Escribir despacio, entonces, no es solo una forma de cuidado.
También es una forma de resistencia.
Contra la prisa.
Contra la indiferencia.
Contra la costumbre de mirar sin ver.
En este espacio no comparto textos recién salidos del horno.
Comparto lo que ha pasado por el fuego.
Lo que ha sido corregido, dudado, sostenido.
Lo que ha sobrevivido.
Porque publicar es una consecuencia,
nunca un objetivo.