Algún día no tendré tiempo de escribir

Algún día no tendré tiempo de escribir

Llegará un día en que no tendré tiempo de escribir.

No será porque se me hayan acabado las palabras, sino porque la vida habrá aprendido a reclamarme sin márgenes. Ese día no llegará con estruendo. Vendrá como llegan las cosas importantes: sin avisar, ocupando el espacio que antes pertenecía a la escritura.

Lo notaré en los pequeños gestos: la prisa al atarme los zapatos, la forma distraída de mirar a los otros, la costumbre de dejar frases sin terminar. Será entonces cuando entienda que escribir no era una vocación romántica, sino una forma de decirme “espera, todavía no”: una herramienta para no caminar por la vida a oscuras.

He escrito para entenderme, pero también para desconocerlo todo. Para dejar zonas intactas, grietas por donde siga entrando el asombro. La poesía no ordena tanto como se cree: a veces desordena con método, descoloca las certezas, mueve los muebles de lugar. Y en ese movimiento hay algo profundamente vivo.

Cuando no tenga tiempo de escribir, quizá recuerde estas líneas trazadas a mano alzada, un texto torpe, una imagen todavía sin significado.

No escribo porque tenga algo importante que decir. Escribo porque, si no lo hago, la

vida se vuelve demasiado literal. Porque necesito un lugar donde las cosas no sean exactamente lo que parecen, donde el dolor no se archive, donde la alegría no se justifique.

Y eso —solo eso— ya es suficiente.

ElOficioDeEscribirEscrituraConscientePoesíaContemporáneaEscribirDespacioLiteraturaInteriorPalabraViva