El silencio de los mudos

El silencio de los mudos

Hoy hice un hallazgo hermoso. Encontré este texto que escribí cuando tenía aproximadamente nueve o diez años. Es el primer intento reflexivo que conservo y tiene algo casi arqueológico: revela la semilla de lo que después una llega a ser.

En estas líneas, además, ya aparece una preocupación que, sin saberlo entonces, me acompañaría hasta hoy: el dolor invisible, la conciencia, el amor que transforma.

La escritura es ingenua, torpe a veces, pero también directa y sincera. Posee una franqueza que los años suelen domesticar (la voz literaria va cambiando; aun así, la conciencia sigue siendo la misma).

No presento este texto como una obra, sino como un vestigio: la primera piedra de un territorio que, aún latente, no sabía —aunque quizá siempre lo supe— que recorrería.

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